La casación

Señor Director:

Detrás de la idea de reemplazar la casación civil por un recurso extraordinario, subyacen, sea que se haya advertido o no, dos órdenes de consideraciones. Por una parte, la idea de reducir el ámbito de influencia político-jurídica de la Corte Suprema. Es que resulta evidente que, en cuanto se le priva de su condición de Tribunal de Casación, se le resta influencia en el quehacer social, político y jurídico del país. Se silencia una voz con la que se puede o no estar de acuerdo, pero que entre nosotros ha sido siempre relevante: baste recordar el interés con el que se esperó su pronunciamiento en torno al aniversario del golpe militar. Por otra parte, se pretende sancionar lo que se estima que es un defecto de dicha Corte, consistente en no haber velado, en el desempeño de la función casacional, por la uniformidad de la jurisprudencia, cuestión que, de ser efectiva, con los actuales sistemas computaciones y, si fuere menester, con una breve adecuación legal, es hoy de muy simple solución.

Con todo, es preocupante y debiera invitar a la reflexión el que en estas materias marchemos en contra de los tiempos y de toda la tendencia del Derecho Comparado: todavía más, no por la circunstancia de que en reformas anteriores hayamos cometido errores (como ocurre con el insólito régimen de recursos en materia laboral, o con el mejorable sistema que adoptamos en materia penal) habremos de perseverar en ellos.

Eliminando la casación inferimos un daño a nuestra cultura y privamos a los justiciables de uno de los más refinados y relevantes instrumentos de impugnación de resoluciones judiciales, perjudicando la noción del debido proceso en nuestro Estado de Derecho.

Raúl Tavolari Oliveros
Abogado